Es cierto que un gato que nunca sale de casa reduce drásticamente el riesgo de accidentes de tráfico, peleas con otros animales o contagio de ciertas enfermedades infecciosas. Esto explica que sus pólizas sean, de media, más baratas que las de un gato con acceso al exterior.

Sin embargo, un gato de interior sigue expuesto a accidentes domésticos (caídas, ingestión de objetos o plantas tóxicas), enfermedades no relacionadas con el exterior (renales, urinarias, cardíacas) y, si es de raza, a predisposiciones genéticas que no dependen de su estilo de vida.

La pregunta relevante no es tanto "¿necesito seguro?" como "¿podría asumir sin problema un gasto veterinario de 500-1.500€ si apareciera mañana?". Si la respuesta es no, una póliza básica de gato de interior (desde 6€/mes) suele ser una inversión razonable.

Si tu gato de interior es, además, de una raza con predisposiciones conocidas (Persa, Maine Coon...), conviene valorar una cobertura algo más amplia que la puramente básica.

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