A igualdad de nivel de cobertura, un seguro para perro suele costar entre un 30% y un 50% más que uno para gato. La razón principal no es que los gatos enfermen menos, sino que suelen requerir intervenciones menos costosas de media y tienen menor riesgo de accidente si viven en interior.

En perros, el factor que más dispara el precio es la raza y su tamaño: cuanto más grande, más caras suelen ser las cirugías (más anestesia, más material). En gatos, el factor decisivo es si viven solo en interior o tienen acceso al exterior, ya que esto último multiplica el riesgo de accidente.

En cuanto a coberturas, ambos tipos de póliza suelen incluir accidentes y responsabilidad civil como base. Donde más difieren es en la cobertura dental: es algo más habitual encontrarla en pólizas para gatos, dada su predisposición a problemas bucales.

Si tienes ambos tipos de mascota, la mayoría de aseguradoras ofrecen descuento por contratar más de una póliza en la misma casa, así que siempre conviene preguntar por ese descuento antes de contratar cada seguro por separado.

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