Lo primero es pedir por escrito el motivo exacto del rechazo. Las aseguradoras están obligadas a justificar la denegación, y muchas veces el motivo (documentación incompleta, sospecha de preexistencia) se puede resolver aportando información adicional.

Si el rechazo se basa en una supuesta enfermedad preexistente, pedir a tu veterinario un informe que aclare desde cuándo hay constancia clínica del problema puede ser suficiente para revertir la decisión.

Si consideras que el rechazo es injustificado, puedes presentar una reclamación formal ante el servicio de atención al cliente de la aseguradora, que está obligada a responder en un plazo determinado por la normativa de seguros.

Como último recurso, existe la posibilidad de acudir a la Dirección General de Seguros y Fondos de Pensiones (DGSFP) o al Defensor del Asegurado de la propia compañía, si la reclamación directa no prospera.

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